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domingo, mayo 09, 2010

¿Te puedes hacer sentir peor?

Claro que sí, si sigues pensando en lo mismo una y otra vez,... si insistes en pasarte la película esa en la pantalla de tu mente,... si te empeñas en revivir el recuerdo de lo que tal vez fue...

Tienes esa habilidad: puedes hacerte sentir peor. Es más, me atrevería a decirte que puedes hacerlo con suma facilidad, sin esfuerzo apenas: un, dos, tres y ya lo tienes, el mismo resultado emocional.

Llámale tristeza, dolor psicológico, sufrimiento,... son estados emocionales desagradables, asociados generalmente a una carga negativa que te desgasta, debilita tu sistema inmunológico, afecta tu estado de ánimo, y a tus resultados.

Pero fíjate bien, si puedes recorrer ese camino en esa dirección, si puedes empeorar tu forma de sentirte, es porqué estás haciendo algo específicamente... Sigues ciertos pasos, ciertas pautas. Quizás seas poco consciente de qué es lo que haces. Puede que lo tengas tan bien aprendido y que estés tan condicionado, que apenas tengas que esforzarte en ello... Y no es menos cierto que podrías recorrer dicho camino en la dirección contraria... que podrías hacerte sentir mejor. No tan solo dejar de hacerte sentir peor, sino hacerte sentir mejor.

Tú eres el autor de tu vida, más allá de los determinismos genéticos, sociales, culturales y demás. Deja de comprar viejas historias y asume tu responsabilidad. Tú puedes aprender a manejar tu cabeza, puedes aprender a elegir qué tipo de sentimiento no quieres para ti. Está en tu mano dejar atrás todo sufrimiento psicológico.

Mira que he dicho todo, TODO, no alguna parte, no cierto trozo,... TODO. Donde tú vives no hay dolor,... a menos que lo traigas tú. Obsérvalo por ti mism@.

Vicens Castellano

martes, abril 13, 2010

NADIE TE OFENDE, SON TUS EXPECTATIVAS

Las personas se la pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo.
¡Nadie, nunca jamas te ha ofendido !
Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas, las que te hieren.
Y las expectativas tu las creas con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias.
Si tu esperabas que tus padres te dieran mas amor, y no te lo dieron, no tienes porque sentirte ofendido. Son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo, las que fueron violadas.
Y tus ideas son las que te lastiman.
Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo¦ Tu pareja no te ha hecho nada. Es la diferencia entre las atenciones que esperabas tuviera contigo y las que realmente tuvo, las que te hieren. Nuevamente, eso esta en tu imaginación.
¿Enojado con Dios? Son tus creencias de lo que debería hacer Dios, las que te lastiman. Dios jamas ofende y daña a nadie.
Un hábito requiere de todas sus partes para funcionar. Si pierde una, el hábito se desarma. El hábito de sentirte ofendido por lo que te hacen otros (en realidad nadie te hace nada) desaparecerá cuando conozcas mejor la fuente de las ofensas.
Cuando nacemos, somos auténticos. Pero nuestra verdadera naturaleza, es suprimida y sustituida artificialmente por conceptos que nuestros padres, la escuela, la sociedad y los medios nos enseñan.
Y crean una novela falsa de como deberían ser las cosas en todos los aspectos de tu vida y como deben de actuar los demás. Una novela que no tiene nada que ver con la realidad.
También, las otras personas son criaturas de inventario. A lo largo de su vida, coleccionan experiencias: padres, amigos, parejas, etc. y las almacenan en su inventario interior.
Las experiencias negativas dejan una huella mas profunda en nosotros que las positivas.
Y cuando una persona es maltratada (por NO haber dicho o hecho lo que se esperaba de ella) por alguien, deja esa experiencia en su inventario. Cuando conoce a otro alguien, tiene miedo. Y trata de ver si la nueva persona repetirá las mismas actitudes que la que le hirieron, o sea que se predispone.
Saca una experiencia de su inventario negativo. Se pone los lentes de esa experiencia y ve a las nuevas personas y experiencias de su vida, con esos lentes, obviamente lo que teme lo provoca.
¿Resultado? Se duplican los mismos problemas y las mismas experiencias negativas.
Y el inventario negativo sigue creciendo. En realidad lo que hace es que te estorba. No te deja ser feliz. Y a medida que se avanza en años, se es menos feliz. Es porque el inventario negativo aumenta año con año.
¿Has visto a las personas de edad avanzada y a los matrimonios con muchos años? Su inventario es tan grande, que parece que la negatividad es su vida. Una y otra vez sacan experiencias de su inventario negativo ante cualquier circunstancia.
Una de las mayores fuentes de ofensas, es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida. Cuando le dices lo que debe hacer y te dice no, creas resentimientos por partida doble. Primero, te sientes ofendido porque no hizo lo que querías.
Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste como es.
Y es un circulo vicioso.
Todas las personas tienen el derecho divino de guiar su vida como les plazca.
Aprenderán de sus errores por si mismos. Déjalos ser.
Ademas recuerda también, que nadie te pertenece. Cuando los colonos americanos querían comprarles sus tierras a los Pieles Rojas, estos les contestaron
- ¿Comprar nuestras tierras? ¡Si no nos pertenecen! Ni el fulgor de las aguas, ni el aire, ni nuestros hermanos los búfalos a los cuales solo cazamos para sobrevivir. Es una idea completamente desconocida para nosotros.
Ni la naturaleza, ni tus padres, ni tus hermanos, ni tus hijos, tus amigos o parejas te pertenecen. Es como el fulgor de las aguas o el aire. No los puedes
comprar. No los puedes separar. No son tuyos. Solo los puedes disfrutar
como parte de la naturaleza. El cauce de un río no lo puedes atrapar.
Solo puedes meter las manos, sentir el correr de las aguas entre ellas, y
dejarlo seguir.
Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar. Amalas, disfrútalas y déjalas ir.


Entonces ¿Hace falta perdonar?

1) Entiende que nadie te ha ofendido. Son tus ideas acerca de como deberían actuar las personas y Dios las que te hieren. Estas ideas son producto de una mascara social, que has aprendido desde tu infancia
de forma inconsciente. Reconoce que la mayoría de las personas NUNCA van a cuadrar con esas ideas que tienes. Porque son ideas falsas.

2) Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Dales consejos, SOLO SI TE LO SOLICITAN, pero permite que tomen sus decisiones. Es su derecho divino por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.

3) Nadie te pertenece. Ni tus padres, amigos y parejas. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. Ama y deja ser.

4) Deja de pensar demasiado. Abrete a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilices tu inventario. Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes obscuros y te los quitas, el resultado es la limpieza de visión.

5) La perfección no existe. Ni el padre, amigo, pareja o Dios perfecto.
Es un concepto creado por la mente humana que ha un nivel intelectual puedes comprender, pero en la realidad NO EXISTE.

Porque es un concepto imaginario. Un bosque perfecto serian puros arboles, Sol rico, no bichos¦
¿existe? No.

Para un pez, el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores
¿existe? No.

Solo a un nivel intelectual. En la realidad JAMAS VA A EXISTIR. Naturalmente, al pez solo le queda disfrutar de la realidad.

Cualquier frustración de que el mar no es como quiere que sea no tiene sentido. Deja de resistirte a que las personas no son como quieres. Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.

6) Intoxícate con la vida. La vida real es mas hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo. Me complacerá decírtelo por experiencia.

7) Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado.
Imagínate que ambos están cómodamente sentados. Dile porque te ofendió. Escucha su explicación amorosa de porque lo hizo. Y perdónala.

Si un ser querido ya no esta en este mundo, utiliza esta dinámica para decirle lo que quieres. Escucha su respuesta. Y dile adiós. Te dará una enorme paz.

8) A la luz del corto periodo de vida que tenemos, solo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices. Nuestra compañera la muerte en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo.

9) Es natural pasar por un periodo de duelo al perdonar, deja que tu herida sane. Descárgate con alguien para dejar fluir el dolor.

Vuelve a leer este articulo las veces necesarias y deja que los conceptos empiecen a sembrar semillas de conciencia en tu interior.

Aprende con honestidad los errores que cometiste, prométete que no lo volverás a hacer y regresa a vivir la vida.
Y como dirían los Beatles, LET IT BE....


AUTOR DESCONOCIDO

sábado, enero 30, 2010

¿Conoces tus límites? - Merche Pasamontes

¿Conoces tus límites?

Vamos a diferenciar desde el primer momento dos palabras, que bajo mi punto de vista esconden dos realidades distintas (aunque sea a efectos prácticos, ya que etimológicamente están muy próximas):

- Límites: definidos como punto o grado, término que no puede rebasarse. Para ellos tomaremos como referencia la frase de la PNL: Los únicos límites son los de mi mapa mental.

- Limitaciones: Impedimento, defecto o restricción que reduce las posibilidades o la amplitud de algo.

Ya se que la distinción se aguanta por los pelos, pero me sirve al fin que persigo con esta entrada (no pretendo entrar en la RAE!!).

Juan Manuel Montilla, más conocido como ´Langui´, es rapero, actor y radiofonista. Todo esto que ha conseguido podría parecernos como algo alcanzable si no sabemos que Langui sufre de parálisis cerebral desde su nacimiento. Y no, no voy a tener una mirada compasiva de “pobrecito” , pues se que Langui se merece algo mucho mejor que eso por lo que cito sus palabras:

No es usted mal ejemplo para los flojos de espíritu.

Pues me alegro. Hay algo que me gusta repetir: “No puedes cambiar el mundo, de acuerdo, ¡pero sí puedes cambiar tu actitud!”.

¿Y qué actitud propone?

Alegría, buen humor. La vida está plagada de miserias, ¡pero es la vida!: un regalo. Estamos aquí, así que aprovechémoslo, aprendamos, construyamos algo. Se trata de no quedarse tirado en el sofá: con lo cortita que es la vida…, ¿y encima vas a boicotearla?

¿Cómo se las ha arreglado usted para ligar?

Con la seducción de las miradas, las sonrisas, desbordando complejos, seguro de que alguien sabrá verte por dentro. ¡Mi mujer me ha hecho sentir que para ella yo tengo los andares más bonitos del mundo!

¿Qué enseñará usted a sus hijos?

Alegría, esfuerzo, detalles, ilusión. Y nada de mirar compasivamente al discapacitado.

¿Por qué?

Cuando me compadeces, me minusvaloras. Esa compasión de “pobrecito, angelito, qué mal está” es muy excluyente, supone ver la discapacidad como algo negativo y al discapacitado como alguien enfermo o desgraciado. ¡Esa compasión es una barrera mucho peor que las barreras arquitectónicas!

Creo que sus palabras lo dicen todo. Langui tiene limitaciones físicas (por eso dejó el fútbol) pero no mentales y por eso ha conseguido todo lo que ha conseguido, sin ponerse más limitaciones que las que su cuerpo le obliga a tener. Pero su mente es libre y sin prejuicios y eso le ha permitido hacer lo que realmente deseaba y disfrutar de la vida como el que más.

Texto de Mertxe Pasamontes
En su página http://www.mertxepasamontes.com/¿conoces-tus-limites.html

viernes, enero 22, 2010

QUIEN MANDA EN MI VIDA - Borja Vilaseca (3/01/2010)

¿Quién manda en mi vida?

Una enfermedad, un accidente, una ruptura, un despido, la muerte de un ser querido... Las desgracias pueden, paradójicamente, permitirnos madurar. Todo depende de cómo las veamos: como problemas o como oportunidades. Ésta es la primera entrega de una serie de tres reportajes sobre crecimiento personal.

Cuando nuestras circunstancias son insoportables es cuando nos atrevemos a reflexionar y a cambiar
"Te has pasado la vida sin adversario y no sabrás nunca hasta dónde alcanzan tus fuerzas", decía Séneca
Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo la última de sus libertades: su actitud personal frente al destino"
Victimismo, miedo a mirar dentro, evasión esto es insostenible. Nadie puede huir eternamente de sí mismo

Aquel intenso sufrimiento me movió a investigar más profundamente acerca del alma humana.
Así fue como descubrí mi vocación y mi pasión por servir a los demás haciendo lo que amo: compartir mi propia experiencia de transformación.
Desde entonces me siento cada día agradecido de estar vivo. Ya no doy por sentado nada. En eso consiste vivir conscientemente: en valorar lo que tienes, aprovechar lo que te sucede y disfrutar de cada momento. Para mí, la vida es un regalo maravilloso, una oportunidad para aprender a ser feliz por mí mismo y aceptar y amar a los demás. Ése es el verdadero camino espiritual. Doy gracias a la adversidad y al sufrimiento porque me han permitido descubrir el sentido de la vida".

Ahora mismo, en este preciso momento, somos el resultado de las experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. O más concretamente, de cómo las hemos interpretado y de la actitud que hemos tomado frente a ellas.
Las peores experiencias, las más difíciles de afrontar, son precisamente las que más nos posibilitan evolucionar y madurar como seres humanos. Todo depende de cómo las veamos: como problemas con los que quejarnos y victimizarnos o como oportunidades de superación y aprendizaje.

Por eso se dice que no hay mejor maestro que la adversidad. Aunque suela vivirse como un proceso difícil, incómodo y doloroso, muchas personas reconocen que gracias a sus conflictos existenciales han conectado con una fortaleza interior que desconocían. Y no sólo eso. En ocasiones, la experiencia del sufrimiento y el malestar les ha llevado a replantearse por completo su vida; a cuestionarse sus creencias y sus valores, y a cambiar así su manera de ver y de relacionarse con el mundo.

Este enfoque más constructivo y optimista no tiene nada de nuevo. Se trata de un mensaje universal que se repite desde hace miles de años.
Al menos hasta que nuestras circunstancias devienen insoportables. Sólo entonces nos atrevemos a reflexionar y a promover algún cambio en nuestra forma de afrontar la existencia.

Gracias a la enfermedad comprendí que la paz interior es el indicador más fiable de que estoy viviendo de forma sana, equilibrada y sostenible. Y que no hay nada más importante que aprender a disfrutar del momento presente. El cáncer me llevó a redescubrir la vida. Me renovó espiritualmente, dándome fuerzas para hacer algo útil e inspirador.

Era esclavo de mis propios miedos e inseguridades. Mi profundo cambio interno comenzó a raíz de una serie de experiencias relacionadas con el voluntariado, el viajar solo y la meditación vipassana. El autoconocimiento me llevó a descubrir mis valores como ser humano. Conecté con la confianza de creer en mí mismo y el coraje de seguir mi propio camino en la vida. Mi mayor victoria fue vencerme a mí mismo y superar mis temores e inseguridades. Desde que sé quién soy intento inspirar a los demás a confiar en su fortaleza interior para ser libres de sus miedos y convertirse en quienes pueden llegar a ser".

“Pero también me enseñó una lección que nunca olvidaré: cualquier ser humano es capaz de soportar y superar su destino, sea el que sea. Nunca más en mi vida he vuelto a tener problemas. Desde entonces acepto la vida tal como me viene".

"Descubrí que llevaba años desconectada de mi corazón, de lo que verdaderamente sentía que quería hacer con mi vida. Y esto era algo que el dinero no podía arreglar. He aprendido a respetarme, siendo fiel y auténtica conmigo misma, más allá de los estereotipos y convenciones sociales. No hay nada más liberador que quitarse la máscara y ser uno mismo, viviendo conectado con tu verdadera esencia".

"Quería seguir mi propio camino en la vida, pero a la vez sentía que no podía defraudar a mi familia. Por dentro estaba dividida. Y esta confusión me convirtió en prisionera de mi reactividad y de mi agresividad. Poco a poco, la ira me fue devorando hasta que al final me hundí. Pero fue ese hundimiento el que me hizo reconectar con mi fortaleza. He estado muchos años luchando contra mí misma para demostrar que puedo con todo y más. Gracias a la adversidad he comprendido que no puedo cambiar ni controlar lo que me sucede. He tomado consciencia de que lo que sí depende de mí es aprender a modificar la interpretación que hago de los hechos en sí, tomando una actitud y una conducta más armoniosas y pacíficas. Al aceptar mi vulnerabilidad he conectado con mi paz interior. Ya no vivo a la defensiva. Por eso ya no me escondo siempre tras una coraza, dejando que aflore mi lado más tierno. Todavía me maravillo con el hondo afecto que me han regalado las personas de mi círculo más íntimo. Aprender a perdonarme a mí misma y a los demás me está liberando de ese peligroso veneno llamado rencor. Gracias a todo este proceso he descubierto que, independientemente de cómo sean nuestras circunstancias, todos tenemos el increíble poder de ser dueños y creadores de lo que experimentamos en nuestro interior".

“La vida me ha dado la oportunidad de pasar a través de la noche oscura del alma a una nueva tierra, de obtener una visión y una compresión totalmente diferentes. A pesar del dolor y de la gran dificultad que me genera, la discapacidad física ha sido una bendición. He necesitado sufrir para empezar a comprometerme con la paz y con la no violencia".


La idea de "aprender de la adversidad" fue creada por el estoicismo, cuyos orígenes se remontan al año 301 antes de Cristo. Por aquel entonces, las personas aquejadas por una dolorosa enfermedad solían desplazarse hasta el corazón de Atenas para escuchar a Zenón de Citio, fundador de esta escuela de filosofía. Los historiadores coinciden en que fue uno de los primeros gurús especializados en desarrollo personal. Sus enseñanzas se centraban en dotar a las personas de recursos y herramientas para enfrentarse a sus conflictos y problemas. Zenón de Citio solía explicar que la vida es una escuela y que los seres humanos somos estudiantes que hemos venido a ella a aprender. De ahí que sus charlas y discursos fueran esencialmente didácticos, compartiendo una serie de directrices muy prácticas para que sus seguidores mejoraran su competencia en el arte de vivir.
Según el estoicismo, los seres humanos debemos agradecer los infortunios que forman parte de nuestro destino, pues sólo así podemos desarrollar la virtud y la fortaleza. Para los estoicos, la vida no está gobernada por la suerte, el azar, ni las coincidencias. No creen en la casualidad, sino en la causalidad. Es decir, que todos los sucesos que componen nuestra existencia están regidos por la "ley de la causa y el efecto", por la que terminamos por recoger lo que sembramos, eliminando toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo. Eso sí, la recompensa de asumir dicha responsabilidad y de esforzarnos por cambiar de actitud es la ataraxia o imperturbabilidad interior frente a las circunstancias desfavorables. Esta sólida paz interior se consigue por medio del entrenamiento y la práctica diarios. De ahí que estos filósofos clásicos insistan en que la fuerza de voluntad sea un requisito indispensable para vencernos a nosotros mismos y conseguir los resultados de satisfacción deseados.


Entre los principales exponentes del estoicismo destaca el filósofo Lucio Anneo Séneca (4 a. C - 65 d. C). La fuerza que desprenden sus reflexiones se sustenta en que están inspiradas en su propia experiencia. Séneca estuvo siempre en contacto con el dolor, sobre todo debido al asma que padecía desde su infancia.
En su obra maestra, Tratados morales, Séneca le escribe una carta a su discípulo Lucilo sobre cómo encajar los golpes que nos da la vida: "Vivir siempre en la comodidad y pasar sin una pena en el alma es ignorar la otra mitad de la naturaleza. Afirmas ser un gran hombre, pero ¿cómo lo podré saber si la fortuna no te brinda la ocasión de mostrar tu virtud? Te juzgo desdichado por no haber sido nunca desdichado. Te has pasado la vida sin adversario: ni siquiera tú mismo sabrás nunca hasta dónde alcanzan tus fuerzas. La experiencia es necesaria para el conocimiento propio".
Si bien a corto plazo puede parecer una actitud masoquista, Séneca era consciente del enorme potencial que cada ser humano puede desarrollar dentro de sí mismo, estrechamente relacionado con su capacidad de crecer emocionalmente. De ahí que este filósofo sostuviera que "la adversidad es siempre una magnífica ocasión para descubrir y fortalecer nuestras virtudes", teniendo en cuenta que "cuanto mayor sea nuestro tormento (si aprendemos de ello), mayor será nuestra gloria". En la actualidad se habla de "actitud estoica" cuando alguien se toma las adversidades de la vida con entereza y aceptación.


El catedrático de Neurología y Psiquiatría de la Universidad de Viena, Viktor Frankl (1905 - 1997), fue deportado junto al resto de su familia al campo de concentración de Theresienstadt.
Tras ser testigo de la muerte de su padre, y sin saber nada de su esposa y su madre, los soldados nazis le requisaron y rompieron el libro que contenía su larga y exhaustiva investigación profesional. Una vez destruida su obra, Frankl decidió ponerla en práctica, encarando aquella abrumadora experiencia con fortaleza y aceptación.
Finalmente, fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Había conseguido sobrevivir al Holocausto, pero en aquellos campos de exterminio fueron asesinados sus padres, su mujer y su hermano, entre otros millones de seres humanos. Al regresar a Viena, Frankl escribió su famoso libro El hombre en busca de sentido, en el que describe la vida de los prisioneros en un campo de concentración desde la perspectiva de una psiquiatra.
En esta obra autobiográfica, Frankl afirma que "incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, los seres humanos preservamos la capacidad de elegir la actitud con la que afrontamos nuestras circunstancias. Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino? para decidir su propio camino. Y es precisamente esta libertad interior y espiritual la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido".
Gracias a Frankl hoy sabemos que "entre el estímulo externo y nuestra consiguiente reacción hay un espacio en el que podemos elegir dar la respuesta que más nos favorezca". De hecho, ese espacio es totalmente nuestro y es el fundamento de la responsabilidad existencial que podemos asumir de forma consciente. Se trata de nuestra libertad última para decidir en cada momento quiénes queremos ser y de qué manera deseamos tomarnos lo que nos sucede.
El concepto contemporáneo que ha tomado el relevo a las investigaciones de Frankl se denomina resiliencia. Y se define como "la capacidad de aprovechar circunstancias adversas para madurar emocionalmente". Es decir, que la resiliencia alude a la posibilidad de aprovechar según qué experiencias para conectar con nuestro espíritu de superación.


Coach (entrenador) personal.
"Vivía por y para los demás. Me dedicaba a cuidar y agradar a quienes me rodeaban, pensando que así me darían el afecto que yo no me estaba dando a mí mismo. Me di cuenta de que el amigo que había estado buscando afuera se encontraba dentro: era yo mismo. Y esta revelación me llevó a aprender a aceptarme y quererme tal como soy. A día de hoy siento que me tengo a mí mismo y me siento lleno de alegría y amor. Y es precisamente esta dicha la que me mueve a acompañar a otras personas en el proceso de cambio y crecimiento interior. Estamos aquí para aprender".
Pero, ¿qué es exactamente lo que cambia cuando una persona cambia? Su paradigma. Se trata de un concepto introducido por el epistemólogo estadounidense Thomas Kuhn (1922-1996) en su influyente ensayo La estructura de las revoluciones científicas, en el que define la palabra “paradigma” como "modelo, teoría, percepción, supuesto o marco de referencia". Es decir, como la manera en la que se ve, se comprende y se actúa en el mundo. El cambio de paradigma suele vivirse como una profunda revelación, como si se produjera un clic en nuestra cabeza. Algunos psicólogos contemporáneos lo denominan "el despertar de la consciencia", pues nos permite vivir desde una nueva comprensión, recuperando el contacto con nuestra esencia humana, con las cosas que de verdad importan.
Entre otros filósofos que han ahondado en el estudio y la comprensión de qué es lo que despierta y engrandece el espíritu humano, destaca el colombiano Gerardo Schmedling (1946-2004), a cuyo juicio, "debido a nuestra resistencia al cambio, sólo nos atrevemos a cuestionar nuestra manera de entender la vida cuando llegamos a una saturación de malestar". Tanto es así, que "el sufrimiento es el estilo más común de aprendizaje entre los seres humanos". Es la antesala de la denominada "crisis existencial", un proceso psicológico que "remueve los cimientos sobre los que se asientan nuestras creencias y nuestros valores, posibilitando la evolución de nuestro nivel de consciencia".
Así, "la función biológica del sufrimiento es hacernos sentir que nuestro sistema de creencias es ineficiente y, por tanto, está obstaculizando nuestra capacidad de vivir en plenitud". Según las conclusiones científicas de Schmedling, "la adversidad y el sufrimiento nos conectan con la necesidad de cambio y evolución". Es decir, "con la honestidad, la humildad y el coraje de ir más allá de las limitaciones con las que hemos sido condicionados por la sociedad para seguir nuestro propio camino en la vida".

En contraposición a estas historias inspiradoras, en las que sus protagonistas evolucionaron gracias a la experiencia de la adversidad, se sabe de muchos otros casos en los que no ocurre lo mismo. ¿Por qué hay personas que no aprenden del sufrimiento? ¿Qué es lo que les impide cambiar? En opinión del doctor en Psicología Manuel Almendro, "el mayor obstáculo es quedarse anclado en el papel de víctima". Este experto constata que "la mayoría de seres humanos viven enajenados de sí mismos, de su mundo interior". Por eso es tan común "el miedo a mirar hacia dentro", así como "la búsqueda de evasión con la que llenar el vacío existencial". Sin embargo, "se trata de una actitud insostenible, pues nadie puede huir eternamente de sí mismo".

A pesar de no llevar una existencia plena, "para muchas personas todavía es superior el miedo al cambio que la necesidad de conectar con la confianza y el coraje que les permitirían salirse de su zona de comodidad", afirma. En este contexto psicológico, "la crisis existencial está convirtiéndose en un fenómeno emergente en el interior de cada vez más seres humanos". Almendro señala que "esta crisis no tiene nada que ver con la edad, la cultura ni la posición social". De hecho, "está latente en cualquier persona que no se sienta verdaderamente satisfecha con su existencia", concluye.
Nadie dijo que vivir fuera fácil. Seguramente nos queden muchas crisis por delante. Eso sí, cuando llegue la próxima podemos optar por vivirla como una oportunidad para comprometernos con nosotros mismos, convirtiéndonos en verdaderos responsables de nuestro proceso de evolución. Los verdaderos héroes no son los que salen en las películas, sino las personas que se han superado a sí mismas, fortaleciéndose a través de las experiencias adversas para encontrar la manera de crear una vida plena, constructiva y con sentido.

BORJA VILASECA 03/01/2010

domingo, octubre 28, 2007

IMPERATIVO ESPIRITUAL por Satish Kumar


Artículo tomado de www.pocapoc.net

La simplicidad elegante es la manera de descubrir la espiritualidad.
La materia y el espíritu son dos lados de la misma moneda. Lo que medimos es materia, lo que sentimos, espíritu. La materia representa cantidad, el espíritu nos habla de calidad. Sin espíritu la materia no tiene vida. Un árbol también tiene cuerpo y espíritu; hasta las piedras que parecen inertes contienen su espíritu. No hay dicotomía, ni dualismo, ni separación entre materia y espíritu.
El problema no es la materia, sino el materialismo. Tampoco hay problema con el espíritu, pero el espiritualismo sí es problemático. En el momento que encapsulamos una idea o un pensamiento en un ‘ismo’ creamos los cimientos del pensamiento dualista. El universo es uni-verso: una canción, un poema, un verso. Contiene formas infinitas que bailan juntas en armonía, cantan en concierto, se equilibran en la gravedad, se transforman en evolución, mientras el universo mantiene su entereza y su orden implicado. Oscuridad y luz, arriba y abajo, izquierda y derecha, palabras y significado, materia y espíritu se complementan, cómodos en un abrazo mútuo. ¿Dónde está la contradicción? ¿Dónde está el conflicto?
La vida alimenta a la vida, la materia alimenta a la materia, el espíritu alimenta al espíritu. Los tres se alimentan entre sí. Existe reciprocidad total. Esta es la visión global oriental, una visión global antigua, una visión global que existe en las tradiciones tribales de las culturas preindustriales en las que la naturaleza y el espíritu, la tierra y el cielo, el sol y la luna existen en reciprocidad y armonía eternas.
Las culturas dualistas modernas ven a la naturaleza salvaje, la supervivencia de los más fuertes, la desaparición de los débiles y los mansos, el conflicto y la competición como la única verdadera realidad. Desde esta visión global emerge la noción de una ruptura entre la mente y la materia. Una vez separadas la mente y la materia, el debate comienza sobre si la mente es superior a la materia o la materia es superior a la mente.
Esta visión global de escisión, ruptura, conflicto, competición, separación y dualismo, también ha engendrado la idea de la separación entre el mundo humano y el mundo natural. Una vez establecida esta separación, los humanos se consideran la especie superior, dedicada a controlar y manipular a la naturaleza para su uso personal. En esta visión del mundo, la naturaleza existe para beneficio del ser humano, para ser convertida en propiedad y poseída, y si se proteje y conserva la naturaleza, es sólo para el beneficio humano. El mundo natural –plantas, animales, ríos, océanos, montañas y cielos– queda denudado de espíritu. Si es que existe el espíritu, se limita al espíritu humano. Pero incluso eso es dudoso. En esta visión del mundo, a los humanos también se les considera nada más que una formación de material, moléculas, genes y elementos. La mente se considera como una función del cerebro, y el cerebro es un órgano en la cabeza y nada más.

El espíritu en los negocios
Esta noción de existencia sin espíritu puede ser descrita como materialismo. Todo es materia; tierra, bosques, alimento, agua, labor, literatura y arte son mercancías que se compran y venden en el mercado –el mercado mundial, el mercado de divisas, el mercado llamado libre. Este es un mercado de ventaja competitiva, un mercado sin piedad, un mercado en el cual la supervivencia de los más fuertes es el más importante imperativo: los fuertes en competición con los débiles para obtener la mayor porción del mercado para sí mismos. Se establecen monopolios en nombre de la competición libre. Cinco cadenas de supermercados controlan el ochenta por ciento de los alimentos vendidos en el Reino Unido. Cuatro o cinco corporaciones multinacionales gigantescas, como Monsanto y Cargill, controlan el ochenta por ciento del comercio internacional en alimentos. Los huertos pequeños y familiares no pueden competir con los grandes y se ven forzados a dejar de existir. Este es el mundo del cual el espíritu ha sido ahuyentado. Negocio sin espíritu, comercio sin compasión, industria sin ecología, finanzas sin justicia, economías sin equidad, sólo pueden alentar la desarticulación de la sociedad y la destrucción del mundo natural. Sólo cuando el espíritu y los negocios trabajan juntos puede la humanidad hallar un propósito coherente.

El espíritu en la política
Del mismo modo que el materialismo dirige las ciencias económicas, dirige también la política. En lugar de ver a las naciones, regiones y culturas del mundo como una comunidad humana, el mundo se percibe como un campo de batalla entre naciones en competición entre sí para obtener el poder, la influencia y el control sobre las mentes, los mercados y los recursos naturales. Los intereses de una nación se ven en oposición con los intereses nacionales de las demás. El interés nacional de la India está opuesto al interés nacional de Pakistán. El interés nacional palestino y el interés nacional israelí; el interés nacional estadounidense y el interés nacional iraquí; el interés nacional checheno y el interés nacional ruso, etcétera… la lista es larga. Y de esa manera tenemos políticas polarizadas: “Si no estás con nosotros estás contra nosotros”, se ha convertido en el raciocinio dominante. Y si no estás con nosotros no sólo estás contra nosotros, formas parte del eje del mal.
Esta es la política denudada de espíritu. ¿Qué podemos esperar de tal política más que rivalidad, conflicto, carreras armamentísticas, terrorismo y guerras? Los políticos hablan de democracia y libertad pero persiguen el camino de la hegemonía y el interés personal. ¿Cómo puede una versión particular de la democracia y la libertad servir para todo el mundo? No puede haber democracia y libertad sin compasión, reverencia y respeto por la diversidad, la diferencia y el pluralismo. La compasión, la reverencia y el respeto son cualidades espirituales, pero la política fundada en materialismo considera que los valores del espíritu son inconsecuentes, utópicos, idealistas, irreales e irracionales. ¿Pero adónde nos han llevado las políticas del poder, del control y del interés personal? La Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, la guerra fría, la guerra de Vietnam, la guerra en Kashmir, la guerra en Irak, el ataque sobre las Torres Gemelas de Nueva York. De nuevo, la lista es muy larga. Política sin espiritualismo ha demostrado ser un gran fracaso y, por consiguiente, incumbe reanudar los lazos entre la política y la espiritualidad.

Espíritu en la religión
A veces las palabras espiritualidad y religión se confunden, pero la espiritualidad y la religión son distintas. La política debe estar libre del constreñimiento de la religión, pero no debe estar libre de valores espirituales. La palabra religión viene de la raíz latina religio que significa anudar con la cuerda de ciertas creencias. Un grupo de personas se junta, comparte un sistema de creencias, permanece unido y se apoya. De esta manera la religión te anuda, mientras que la raíz del significado de la palabra espíritu está asociada con el aliento, con el aire. Todos podemos ser espíritus libres y respirar libremente. La espiritualidad trasciende las creencias. El espíritu nos mueve, nos inspira, toca nuestros corazones y refresca nuestas almas.
Cuando una habitación ha permanecido cerrada mucho tiempo el aire se hace rancio. Cuando entramos en la habitación después de unos días la encontramos agobiante y abrimos las puertas y las ventanas para dejar que corra el aire fresco. Del mismo modo, cuando las mentes han estado cerradas demasiado tiempo necesitamos un avatar radical, un profeta, que abra las ventanas para que nuestras mentes y pensamientos rancios se ventilen de nuevo. Un Buda, un Jesús, un Ghandi, una Madre Teresa, un Rumi, una Hildegard de Bingen aparece y deshace las telarañas de las mentes cerradas. Es cierto que no necesitamos esperar a que vengan tales profetas: nosotros podemos ser nuestros propios profetas, descerrajar nuestros propios corazones y mentes y permitir que el aire fresco de la compasión, la generosidad, la divinidad, la sacralidad se escampe por nuestras vidas.
Los grupos y las tradiciones sagrados tienen un papel importante. Nos inician en una disciplina de pensamiento y práctica; nos proveen de una infraestructura; nos ofrecen un sentido de comunidad, de solidaridad, de apoyo. Un brote tierno necesita una maceta y una estaca que le apoyen en las tempranas etapas de su desarrollo, o el entorno de un invernadero que le proteja de la escarcha y los vientos fríos. Pero cuando adquiere la suficiente fuerza necesita ser plantado en campo abierto para que pueda desarrollar sus propias raíces y convertirse en un árbol maduro. Del mismo modo las órdenes religiosas hacen de invernaderos para las almas inquietas. Pero al final cada uno de nosotros necesita establecer sus propias raíces y encontrar la divinidad de manera individual.
Existen muchas buenas religiones, muchas buenas filosofías y muchas buenas tradiciones. Debemos aceptarlas todas y aceptar que las diferentes tradiciones religiosas satisfacen la necesidad de distintas personas en distintos tiempos, en distintos lugares y en distintos contextos. Este espíritu de generosidad, inclusividad y reconocimiento es una cualidad espiritual. Cuando las órdenes religiosas pierden esta cualidad, se convierten simplemente en meras sectas que protegen sus propios intereses creados.
Actualmente las religiones institucionalizadas han caído en esta trampa. Para ellas el mantenimiento de instituciones se ha convertido en algo más importante que ayudar a sus miembros a crecer, a desarrollarse y a descubrir su propio espíritu libre. Cuando las órdenes religiosas se concentran en mantener sus propiedades y sus reputaciones, pierden su espiritualidad y entonces ellas, también, se convierten en un negocio sin espíritu. Igual que es necesario restaurar el espíritu en los negocios y en la política, también necesitamos restaurar el espíritu en la religión. Esto puede parecer una proposición extraña porque la misma razón de ser de cada religión es buscar el espíritu y establecer el amor universal. La realidad nos demuestra lo contrario. Las religiones han hecho mucho bien pero también han hecho mucho mal, y podemos ver por todos lados que las tensiones entre cristianos, musulmanes, hindúes y judíos son causas principales de los conflictos, de guerras y desarmonía.
La rivalidad entre las religiones cesaría si se dieran cuenta que las fes religiosas son como ríos que desembocan en el mismo océano de espiritualidad. Aunque los diversos ríos con sus distintos nombres alimentan distintas regiones y distintas gentes, todos proveen la misma cualidad de alimento. No existe conflicto entre ríos. ¿Por qué debe haber conflicto entre religiones? Su teología o sistema de creencias pueden ser diferentes, pero la espiritualidad es la misma. La espiritualidad es lo importante. El respeto hacia la diversidad de creencias es un imperativo espiritual.

Espiritualidad y cambio social
Igual que los negocios, las políticas y las religiones necesitan retomar sus raíces espirituales, también los movimientos medioambientales y pro justicia social necesitan adquirir una dimensión espiritual. Actualmente la mayoría de movimientos que abogan por el cambio social se concentran en campañas negativas. Presentan escenarios de perdición y penuria y se convierten en reflejos virtuales de las instituciones que critican.
El verdadero ímpetu para la sostenibilidad ecológica y la justicia social proviene de visiones éticas, estéticas y espirituales. Pero este enfoque se pierde cuando los organizadores quedan atrapados en metas falsas, tales como sus deseos de atraer la atención de los medios o su necesidad de obtener más miembros para sus organizaciones. Estos deseos se convierten en fines en sí mismos y se olvida la presentación de una visión holística, inclusiva y constructiva. El amor hacia la naturaleza y el valor intrínseco de toda la vida, humana y no humana, es el terreno esencial en el que deben echar raíces los movimientos medioambientales y pro justicia social. La base de todas las campañas es la reverencia por la vida, y ésta es una base espiritual. No existe contradicción entre campañas pragmáticas y conceptos espirituales. El programa político de Mahatma Ghandi estaba fundado sobre valores espirituales. El Movimiento pro Derechos Civiles de Martin Luther King, Jr. tenía sus raíces en una visión espiritual. Los movimientos contemporáneos medioambientales y de justicia social también requieren ese ámplio punto de vista global en lugar de limitarse a la ciencia de la ecología y las ciencias sociales.

Espiritualidad y la ciencia
Se suele creer que la ciencia y la espiritualidad son como agua y aceite: no se pueden mezclar. Esta es una noción errónea. La ciencia necesita la espiritualidad y la espiritualidad necesita la ciencia.
Cuando la ciencia abandona las limitaciones de las dimensiones moral, ética y espiritual, e intenta lograr todo lo que es lograble, experimentando con todo sin tener en cuenta las consecuencias, entonces la ciencia conduce a las tecnologías de armas nucleares, ingeniería genética, clonaje animal y humano y productos envenenantes que contaminan la tierra, el agua y el aire. Es peligroso dar a la ciencia carta blanca para dominar las mentes humanas y para subyugar al mundo natural. La ciencia contemporánea ha adquirido tal estatus de superioridad que actualmente domina y controla la industria, el negocio, la educación y la política. Algunos de sus experimentos resultan ser tan burdos y crueles que traspasan los límites de la civilización. Los valores éticos, morales y espirituales son esenciales para moderar el poder de la ciencia.
En la medida que la ciencia necesita la espiritualidad, la espiritualidad necesita la ciencia. Sin una cierta cantidad de destreza racional, analítica e intelectual, la espiritualidad puede fácilmente convertirse en un ejercicio sectario y egoísta. Yo fui monje durante nueve años, persiguiendo mi propia purificación y salvación. Vi al mundo como una trampa y a la espiritualidad como el camino de mi liberación del mundo. Entonces encontré en mi camino las escrituras de Mahatma Gandhi. Él dijo que no existe dualismo entre el mundo y el espíritu. La espiritualidad no es sólo cosa de santos. No se limita a órdenes monásticas o cuevas en las montañas. La espiritualidad es la vida diaria, desde el cultivo de alimentos a su cocción, el acto de comer, lavar los platos, barrer el piso, construir la casa, elaborar la ropa y velar por los vecinos. Debemos llevar la espiritualidad a todas las facetas de nuestras vidas: la política, los negocios, la agricultura y a la educación. Y debemos hacerlo desde un punto de vista científico.
Ese fue un concepto tan inspirador que decidí abandonar la orden monástica y regresar al mundo cotidiano.

Satisfacer las necesidades espirituales
Nosotros, los seres humanos, tenemos necesidades corporales y también necesidades espirituales. Alimento, agua, cobijo, calor, trabajo, educación y salud son nuestras necesidades esenciales. Necesitamos entrar en actividades económicas para satisfacer estas necesidades. Pero una vez hemos satisfecho estas necesidades, necesitamos encontrar un sentido de sosiego y satisfacción para sentirnos felices y realizados. Necesitamos la sabiduría para percibir cuándo tenemos suficiente. Si seguimos con las actividades económicas incluso después de haber satisfecho nuestras necesidades, entonces nos convertimos en víctimas de la avaricia y de los deseos. Muchas de las crisis políticas y ambientales son crisis del deseo.
Los que se benefician en interminables actividades económicas invierten un esfuerzo enorme en persuadirnos de que al tener más bienes materiales seremos más felices. Pero la felicidad no proviene sólo de los bienes materiales; también tenemos necesidades sociales y espirituales: la necesidad de una comunidad, el amor, la amistad, la belleza, el arte y la música. Necesitamos utilizar nuestra imaginación y nuestra creatividad. Necesitamos la oportunidad para hacer cosas con nuestras propias manos. Necesitamos tiempo para estar quietos y contemplar; necesitamos espacios que podamos apreciar y disfrutar. Estas necesidades espirituales no pueden ser satisfechas convirtiéndonos en consumidores de objetos ofrecidos por empresas que obtienen inmensos beneficios en detrimento del medio ambiente y de la ética, y a costa de las generaciones venideras. El materialismo es su nueva religión y quieren que todos nos convirtamos a ella y seamos miembros leales de su fe.
Esta religión del materialismo es evidentemente insostenible. Si los seis mil millones de ciudadanos del planeta vivieran el estilo de vida de los consumidores occidentales, y consumieran la energía de los combustibles fósiles, necesitaríamos cinco planetas, pero no tenemos cinco planetas: sólo tenemos uno. Por eso, necesitamos inventar un estilo de vida de elegante simplicidad en la cual los regalos de la Tierra se comparten entre todos los seres humanos de manera justa, sin comprometer las necesidades del mundo más que humano y de las futuras generaciones. Esta elegante simplicidad es la manera de descubrir la espiritualidad. Abrazamos la simplicidad no sólo porque ese estilo de vida consumista es injusto e insostenible, sino también porque es la causa del descontento, de la insatisfacción, la desarmonía, la depresión, la enfermedad y la división. Aunque no existiesra el problema de calentamiento global, de escasez de recursos, de polución y desperdicio, seguiríamos necesitando escoger un estilo de vida más sencillo que nos conduzca a, y sea congruente con, la espiritualidad, porque un estilo de vida sencillo, un estilo de vida desembarazado del peso de las posesiones innecesarias, es el estilo de vida que nos puede ofrecer la oportunidad de explorar el universo de la imaginación y encontrar la felicidad ilimitada en ese universo.
El Buda era un príncipe, poseía palacios, elefantes, caballos, terrenos y tesoros de oro y plata, pero descubrió que toda esa riqueza lo mantenía encadenado a la avaricia, al deseo, la ansia, el orgullo, el ego, el miedo y la ira. La idea de que el poder y la riqueza lo harían feliz era una ilusión; la felicidad por medio de posesiones materiales era un espejismo. Así que se abrazó a una vida de pobreza noble, lo que significó aceptar ciertos límites voluntariamente. En esos tiempos no había explosión de población, el Buda no sufría escasez de materiales básicos o recursos naturales, no había problema de calentamiento ambiental y sin embargo prefirió el camino de la espiritualidad y la simplicidad porque era la única manera de cubrir las necesidades del alma igual que del cuerpo.

Espiritualidad y civilización
Mi terreno, mi casa, mis posesiones, mi poder, mi riqueza son los deseos de mentes pequeñas. La espiritualidad nos libera de la mente pequeña y del pequeño Yo, la identidad del Ego. A través de la espiritualidad podemos abrir las puertas de la mente grande y del corazón grande donde compartir, velar por los demás, y sentir compasión son verdaderas realidades. La vida existe sólo a través del regalo de otras vidas: toda la vida es interdependiente. La existencia es una red intricada de relaciones interconectadas. Compartimos el aliento de la vida y de esa manera estamos conectados. Seamos ricos o pobres, blancos o negros, jóvenes o viejos, humanos o animales, peces o aves, árboles o piedras, todo se sostiene en el mismo aire, la misma luz solar, la misma agua, la misma tierra. No existen fronteras, no hay separación, no hay división, ni dualidad; todo es el baile de la vida eterna donde el espíritu y la materia se mueven como uno. Día y noche, tierra y cielo bailan juntos, y donde hay baile, hay felicidad y belleza.
La religión del materialismo y la cultura del consumismo que promueve la civilización occidental han bloqueado el flujo de la felicidad y belleza. Una vez, a Mahatma Ghandi le preguntaron: “¿Qué piensa usted de la civilización occidental?” Replicó: “Sería una buena idea”. Sí, sería una buena idea porque cualquier sociedad que rechaza los valores espirituales y se pelea por bienes materiales, monta guerras para controlar el petróleo, y produce armas nucleares para mantener su poder político, no puede llamarse una civilización. La cultura moderna, consumista, construida sobre instituciones económicas injustas e insostenibles no puede considerarse civilizada. La verdadera marca de la civilización es mantener un equilibrio entre el progreso material y la integridad espiritual. ¿Cómo podemos considerarnos civilizados cuando no sabemos vivir juntos en armonía ni vivir en la tierra sin destruirla? Hemos desarrollado tecnologías para alcanzar la luna pero no la sabiduría para vivir con nuestros vecinos, ni mecanismos para compartir alimentos y agua con los demás seres humanos. Una civilización sin una base espiritual no es una civilización.
Nuestra manera de tratar a los animales es un claro ejemplo de nuestra falta de civilización. Vacas, cerdos y gallinas viven presos en granjas-fábricas. Utilizamos ratones, monos y conejos como esclavos como si no sintiesen dolor; todo por culpa de la avaricia y arrogancia humanas. La civilización occidental parece creer que la vida es prescindible en servicio del deseo humano. El racismo, el nacionalismo, el sexismo, y la discriminación contra personas mayores, han sido confrontados y en cierta medida eliminados, pero el humanismo sigue dominando nuestras mentes. Esto nos hace considerar que la especie humana es superior a las demás especies. Este humanismo es una clase de especies-ismo. Si vamos a luchar por la civilización deberemos cambiar nuestra filosofía, nuestra visión global y nuestro comportamiento. Deberemos entrar en un nuevo paradigma en el cual todos los seres son considerados inter-seres, inter-dependientes, inter-relacionados e inter-especies.

La espiritualidad comienza en casa
¿Dónde comenzamos esta revolución espiritual? Comenzamos con nosotros mismos. La autotransformación es el primer paso hacia la transformación social, política y religiosa. Toda transformación comienza en el fondo y se mueve hacia arriba hasta abarcar al mundo entero. Esta es la ley del mundo natural. El roble grande y poderoso comienza con una bellota en la tierra. Después de sembrarla, durante unas semanas y meses nadie sabe si esa bellota vive o no, o si emergerá al mundo. Pero esa transformación secreta bajo la superficie terrestre permite a la bellota emerger de la tierra como un brote tierno. Sigue pequeño e insignificante, pero sólo con ese comienzo insignificante comienza el proceso que eventualmente resultará en el poderoso roble.
Mi madre solía decir: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad, pero antes de que puedas encender otras velas necesitarás encender tu propia vela. Se tu propia luz. Entonces podrás ofrecerte para ayudar a los demás. ¿Cómo puedes hacer feliz a otra persona si tú no eres feliz? Pero tu felicidad nace de tu bondad hacia los demás”.
Por eso las transformaciones sociales y políticas van juntas, porque cuando nos libramos del miedo y la ansiedad y quedamos tranquilos con nosotros mismos, entonces somos capaces de involucrarnos en la comunidad que nos rodea y con la sociedad en general para efectuar cambios sociales y políticos para mejorar las vidas de todos. Ese acto desinteresado de altruismo, a su vez, nos trae un mayor sentido de realización personal, de satisfacción y felicidad. De esa manera lo personal y lo político interactúan.

Tres pasos prácticos hacia la espiritualidad
Confianza
Exploremos unas cuantas áreas de la espiritualidad. Ante todo entre ellas está la eliminación del miedo y el cultivo de la confianza. Si observamos detenidamente nos daremos cuenta de que muchas de nuestras dificultades psicológicas nacen del miedo. Un sentido de inseguridad, la ambición de lograr el éxito, el deseo de comprobar que valemos, los esfuerzos por causar impresión en los demás, el ansia por el poder sobre los demás y de controlarlos, la adicción a consumir y poseer, todos están finalmente relacionados con el miedo. Este miedo personal crece y se convierte en miedo social e inseguridad política. Pues el primer paso hacia la renovación espiritual es observar el fenómeno del miedo en nuestras vidas y darnos cuenta de que el miedo provoca más miedo. Luchamos para construir defensas psicológicas y físicas pero sólo sirven para aumentar nuestro miedo. Incluso cuando tenemos armas nucleares para protegernos no nos libramos del miedo.
Además, la historia ha demostrado que las armas nucleares no ofrecen defensa y no traen seguridad. El ataque sobre las Torres Gemelas en Nueva York comprobó que al final, todas las defensas son futiles. Los atacantes pueden atacar con cuchillo o cúter, entonces ¿dónde está la justificación para malgastar tanto tiempo, esfuerzo y recursos construyento misíles nucleares cuando no proporcionan ni defensa ni seguridad? El país más poderoso del planeta, los EUA, es también el país más inseguro del mundo. Paradójicamente, cuantas más defensas construimos, más inseguros estamos. Las sociedades occidentales parecen estar obsesionadas con la seguridad y sufren mucho para asegurarse contra cualquier eventualidad. Tal obsesión tiene un efecto paralizador.
El primer paso hacia la esfera espiritual es comprender el miedo y cultivar la confianza. Confía en ti mismo. Eres lo bueno que eres. Personificas la chispa divina, el impulso creativo, el poder de la imaginación que siempre tendrás a tu lado y te protegerá. Confía en los demás: están en la misma barca contigo. Desean el amor como tú. Sólo podrás florecer a través de relaciones con otras personas. Tú eres porque otros son y otros son porque tú eres. Todos existimos, florecemos y maduramos en esta mutualidad, reciprocidad y unidad. Entrega amor y el amor será reciprocado. Entrega miedo y el miedo será reciprocado. Planta una semilla de cardo y obtendrás cientos de cardos. Planta una semilla de camelio y obtendrás centenares de camelias. Cosecharás lo que siembras, ésa es la antigua sabiduría. Sin embargo, aún no la hemos aprendido.
Entonces confía en el proceso del universo. El sol está ahí para nutrir toda la vida. El agua está para calmar la sed. La tierra está para dar alimento. El momento en que nace un bebé el pecho de la madre se llena de leche. El proceso del universo está incrustado en la vida –el sistema de apoyo de la mutualidad-. Cientos de miles de especies –leones, elefantes, serpientes, mariposas– se nutren, beben, encuentran cobijo y protección en el misterioso proceso del universo; confía en él. Como Julián de Norwich dijo: “Todo acabará bien. Todas las cosas acabarán bien”.

Participación
La segunda cualidad espiritual es la participación. Participa en el proceso mágico de la vida. La vida es un milagro: no la podemos explicar; tampoco podemos conocerla del todo, pero podemos activa y conscientemente participar en ella sin tratar de controlarla, manipularla y subyugarla.
La participación es fácil y sencilla. Se nos han otorgado dos maravillosas manos para cultivar la tierra y producir alimentos. Al trabajar con la tierra en el jardín satisfacemos la necesidad del cuerpo tanto como la necesidad de la mente. La producción industrial de alimentos nos ha robado el derecho primordial de participar en el cultivo de alimentos. El cultivo masivo mecanizado e industrializado nace de nuestro deseo de dominar. El cultivo pequeño, natural, localizado –aún mejor, nuestro propio huerto– es una manera de participar con los ritmos de las estaciones. Nuestros países deberían ser jardines, no explotaciones. Los animales deberían ser liberados de las prisiones de las explotaciones mecanizadas. Cultivar alimentos es un ejemplo del principio de la participación. Hornear pan, preparar comidas, compartir la comida con la familia, amigos e invitados son al mismo tiempo actividades espirituales y actividades sociales y económicas. La cultura de la comida rápida nos ha robado la actividad fundamental de la participación en el ritual diario y práctica de alimentación física y espiritual. Es precioso que personas por toda Europa se sienten inspirados por el movimiento italiano de la Comida Lenta. La Comida Lenta es la comida espiritual. La comida rápida es la comida del miedo.
La tranquilidad es una cualidad espiritual. Si queremos restaurar nuestra espiritualidad necesitamos tranquilizarnos. Paradójicamente sólo cuando nos tranquilizamos podemos llegar más lejos. Hacer menos, consumir menos, producir menos nos permitirá ser más, celebrar más, y disfrutar más. El tiempo es lo que perfecciona las cosas. Date tiempo a ti mismo para hacer las cosas y date tiempo para descansar. Toma el tiempo necesario para hacer y también para ser. Es en el baile de hacer y ser donde la espiritualidad se encuentra.
Una vez, el Emperador de Persia preguntó a su Maestro Sufi: “Por favor aconséjame: ¿qué debo estar haciendo para renovar mi alma y refrescar mi mente, para poder ser feliz conmigo mismo y efectivo en mi trabajo?” El Maestro Sufi dijo: “Señor mío, ¡duerma todo lo que pueda!” El Emperador se sorprendió y se asombró al escuchar la respuesta y dijo: “¿Dormir? Tengo poco tiempo para dormir. Tengo que velar por la justicia, aplicar leyes, recibir embajadores y liderar ejércitos. ¿Cómo puedo dormir cuando tengo tanto que hacer?” El Maestro Sufi respondió: “Señor, cuanto más duerma, ¡menos oprimirá!” El Emperador se quedó mudo: comprendió el significado del astuto Sufi. Aunque el sabio era duro, también tenía razón.
Los países occidentales están en una posición similar a la del Emperador de Persia. Cuanto más trabajamos, más consumimos: conducimos coches, volamos en aviones, vamos de compras y producimos basura. Cuanto más rápido hacemos estas cosas, más daño estamos infligiendo al ambiente, a los pobres y a nuestra paz mental. Así que la verdadera forma de participar es vivir y trabajar en armonía con nosotros mismos, con los demás seres humanos y con el mundo natural. La participación no equivale velocidad y eficiencia, sino armonía, equilibrio y acción apropiada.

Gratitud
La tercera cualidad espiritual es un sentido de gratitud. En nuestra cultura occidental nos quejamos de todo. Si está lloviendo decimos: “¡Qué tiempo más malo hace, tanto frío y humedad!” Cando hace sol nos quejamos: “¿No hace calor? ¡Qué calor!”. Los medios están llenos de quejas y críticas. Los debates en el parlamento se concentran en los aspectos negativos de las políticas del gobierno. La oposición culpa al gobierno y el gobierno se queja de la oposición. La cultura nacional de quejas y culpas lo permea todo, incluso en nuestra vida familiar y en nuestros lugares de trabajo. Debido a la dominancia de la cultura de la condena aprendemos a condenarnos a nosotros mismos también. “No valgo lo suficiente”, es un sentimiento común. Lo que hacemos, no lo apreciamos. Pensamos que deberíamos estar haciendo algo diferente, otra cosa, algo mejor. Entonces, tampoco aprendemos a apreciar lo que las demás personas hacen. “Tuve una niñez terrible”, nos quejamos. “Mi colegio fue malísimo”, decimos. “Mis compañeros de trabajo nunca me aprecian”, alegamos, y este tipo de crítica es interminable.
Para desarrollar la espiritualidad, necesitamos balancear nuestras facultades críticas con la facultad de la apreciación y la gratitud. Necesitamos entrenarnos a enfocar nuestras mentes para reconocer los dones que hemos recibido de nuestros ancestros, nuestros padres, nuestros maestros, nuestros compañeros y nuestra sociedad en general. Tembién necesitamos expresar nuestra gratitud por los regalos de la Tierra. ¡Qué magnífico sistema Gaiano, éste del que formamos parte! Regula el clima, organiza las estaciones del año y provee abundancia de alimentos, belleza y placeres sensuales para todas las criaturas. Cuando experimentamos el asombro de las maravillas de la Tierra sagrada no nos podemos sentir más que bendecidos y agradecidos. Cuando se sirve la comida nos afecta un sentido de gratitud. Agradecemos al cocinero y al jardinero pero también agradecemos a la tierra y la lluvia y la luz del sol. Incluso expresamos nuestra gratitud hacia las lombrices que han estado trabajando día y noche para mantener la tierra fértil. Más allá de la destreza del jardinero, sin lombrices no hay alimento. Por eso en alabanza decimos: “Que vivan las lombrices”, y aún más allá nos juntamos al poeta Gerard Manley Hopkins y decimos: “Que siga viviendo lo húmedo y lo salvaje”. Es la belleza de lo salvaje lo que alimenta nuestra alma mientras el fruto de la tierra alimenta el cuerpo.
La generosidad y el amor incondicional de la Tierra hacia todas sus criaturas no tiene límites. Plantamos una pequeña semilla de manzana en la tierra. Esa pequeña semilla se convierte en un árbol en unos años y produce miles y miles de manzanas año tras año. Y todo eso de una semilla pequeña, que a veces se siembra sola. Cuando en el otoño las manzanas maduran con su carne fragante, jugosa y crujiente, comemos hasta que nos lo agradece el corazón. El árbol no conoce la discriminación, no hace preguntas. Rico o pobre, santo o pecador, filósofo o payaso, abeja o pájaro, todos y cada uno pueden recibir el fruto libremente. ¿Qué más podemos sentir sino agradecimiento? Y desde esta gratitud fluye humildad, ya que la arrogancia nace de las quejas y las críticas. Cuando somos críticos hacia la naturaleza llegamos a la conclusión de que la naturaleza no es suficiente: es imperfecta y no fiable. La naturaleza necesita nuestra tecnología e ingeniería, así que nos esforzamos por mejorarla, pero acabamos destruyéndola. Con un sentido de gratitud obramos con el grano de la naturaleza, trabajamos en armonía con ella y apreciamos sus cualidades milagrosas.
Para acabar, mi enfoque es que no hay dualismo y separación entre la materia y el espíritu. El espíritu contiene a la materia y la materia al espíritu, pero los hemos separado y hemos hecho del espíritu un asunto privado y hemos permitido que la materia sola domine nuestra vida pública. Necesitamos subsanar esta separación urgentemente. Sin tal reparación, el mundo material, la Tierra misma seguirá sufriendo consecuencias catastróficas, y las sabidurías espirituales seguirán siendo percibidas como idealísticas, esotéricas, prácticas de otros mundos que son totalmente irrelevantes para nuestra existencia cotidiana.
Cuando seamos capaces de reparar esta separación seremos capaces de inculcar el espíritu en los negocios, en el comercio y en la economía. Seremos capaces de crear una política que funciona para todos. Nuestras religiones no serán divisivas; al contrario: se convertirán en una fuente de sanación y servirán para resolver conflictos. El movimiento en favor de la sostenibilidad ambiental y la justicia social inspirará en lugar de agitar y, personalmente, los seres humanos se sentirán más cómodos consigo mismos y con el mundo que los rodea. La unión de materia y espíritu, de negocio y espíritu, de política y espíritu, de religión y espíritu y de activismo y espíritu es la más importante unión requerida en nuestro tiempo.
La gente siente hambre por alimentos espirituales, esta hambre no puede ser satisfecha con bienes materiales. Por eso, la gran labor que tenemos en nuestras manos es de crear espacio y tiempo para que la gente descubra su propia espiritualidad igual que la espiritualidad de los demás.
No debería ser necesario que yo defendiera el caso del espacio espiritual, pero porque durante los últimos varios centenares de años la cultura Occidental ha seguido negando al espíritu y ha estado ocupada con elevar el estatus de la materia, nuestra sociedad y nuestra cultura han perdido el equilibrio e integridad. Para restaurar este equilibrio he señalado la importancia del espíritu. En un mundo ideal la gente reconocería que el espíritu siempre se halla implícito en la materia. Tradicionalmente, así es como era. La gente peregrinaba hacia montañas y ríos sagrados; la vida se consideraba sagrada e inviolable. Reconocíamos la dimensión metafísica de los árboles. El árbol que habla, el árbol de la sabiduría y el árbol de la vida expresan la cualidad espiritual implícita del árbol. El imperativo más importante de la vida es recuperar esta sabiduría perenne.

Este es el texto del Discurso Schumacher de Satish Kumar del 30 de octubre del 2004 en Bristol, RU. www.schumacher.org.uk

Satish Kumar es Presidente de Schumacher UK, Editor de la revista Resurgence y Director de Programas en Schumacher College.

miércoles, marzo 07, 2007

Prosperidad

PROSPERIDAD
La prosperidad se define como el curso favorable de las cosas. Digo "curso" y no "resultado".
La idea de prosperidad remite a un proceso, a algo que se encuentra siempre en movimiento, fluyendo hacia delante, justamente como el curso de un río o como el lento pero fértil proceso de crecimiento del bambú.
¿Significa esto que debemos tomar una actitud pasiva ante la vida? ¿Dejar de perseguir nuestros deseos?
Yo diría, más bien, que debemos redefinir el concepto de prosperidad:alguien próspero es quien se mueve hacia delante, en la dirección en que apuntan sus deseos. Alguien próspero no se fuerza a conformarse con poco, ni se avergüenza por querer más, pero tampoco enloquece intentando que las cosas sean tal como las soñaba. Y es alguien dispuesto a poner de sí para conseguir ese avance, no espera que el mundo ni los otros hagan el trabajo por él. Sabe que debe sembrar si luego piensa recoger la cosecha. Que no se trata de llegar, sino de fluir.
¿QUE IMPIDE LA PROSPERIDAD?
Pero a menudo no nos atrevemos aponer en marcha el motor de la prosperidad, principalmente por dos grandes prejuicios: los que hacen referencia a la ambición y al dinero.
La ambición tiene muy mala prensa. Como dice el filósofo argentino Alejandro Rozitchner en su libro Ideas falsas, la ambición en sí no es más que " querer lograr grandes cosas". Vale aclarar que se trata de grandes cosas para uno mismo,no necesariamente para el restod e la sociedad. Y querer grandes cosas apra uno mismo no tiene nada de malo, pues no imlica no desearlas para el resto. ¿De dónde se sigue que si busco un gran amor habrá menos amor apra tí? Si obtengo reconocimiento profesional, ¿significa que tú no lo conseguirás? N siquiera la ambición de riqueza implica dejar menos para otros, puesto qeu la riquez también se genera, no sólo se reparte.
Algunas veces confundimos la ambición de querer mucho con la codicia de quererlo todo -lo mio, lo tuyo y lo de los demás-, que , por supuesto, sí daña la relación entre las personas. Pero tamién hay quienes demonizan la ambición movidos por la envidia y el rencor. Son los que proponen "igualar para abajo". aquellos que creen qeu no pueden elevarse a sí mismo y buscan entonces rebajar a los demás.
Tener deseos, ambiciones, sueños, ilusiones, no es motivo de vergüenza, más bien todo lo contrario. Si buscamos ser prósperos tenemos que prestar atención a nuestros deseos, nutrirlos, no decartarlos tan rápido por improbables o criticables, no avergonzarnos de ellos sno aceptarlos como estandartes de nuetsra identidad, valorarlos más allá de que alguna vez se realicen o no.
EL TABÚ DEL DINERO
No se suele hablar del dinero de uno, de cuánto dinero ganamos, tenemos o de cuanto nos falta. Sólo con aquellos con los que tenemos mucha confianza. Yo pienso que es por la misma razón que por la que no hablamos de sexo: porque provoca grandes pasiones. El dinero nos genera deseo, temor, envidia. La ambición de tener dinero, de crear riqueza, de ser prósperos económicamente, es una amición como cualquier otra. No tiene nada de malo en sí misma. Pero lo que sucede es que existen numerosos mtos, prejuicios y creencias que hemos escuchado desde pequeños como "pobre pero honrado", "más vale pobre sano que rico y enfermo" y otras frases similares que que parecen suponer que si tiene riquezas es siempre a costa de sacrificar la honestodad, la salud, la inteligencia o, incluso, el amor.
¿Porqué tenemos que elegir entre riqueza y cualquier otra virtud? Existen personas con muchisimo dinero como fruto de su trabajo o su visión, y personas que utilizan sus fortunas para ayudar a otras.
Creo que todas las exclusiones entre lo material y lo espiritual son falsas. Y que debemos eliminarlas para prosperar laboral y económicamente, pues contribuyen a crear una sensación de culpabilidad que pueden disuadirnos de prosperar.
UN MEDIO, NO UN FIN
El dinero es un medio para conseguir las cosas. Cuando volvemos al dinero en un fin en sí mismo, es muy posible que quien lo persigue acabe sintiéndose vacío.porque el dinero esta, en realidad, vacío.
Podemos convertirnos en los artífices de nuestra riqueza, de esta manera nunca estaremos en la miseria porque siempre contaremos con nosotors mismos para generar lo que necesitmaos para vivir.
Desde este ounto de vista, la prosperidad puede vincularse en cualquier ámbito de nuestra vida. En el plano amoroso, por ejemplo, ser prósperos implicaría no detenernos después de haber encontrado a alguien con quien deseamos compartir nuestra vida-no creer que podemos decir " ya está, lo he conseguido"- sino continuar fortaleciendo y enriqueciendo el vínculo, para ue la pareja continúe creciendo a lo largo del tiempo. En el plano personal, la prosperidad quizá consista en estar siempre dispuestos a expandir un poco más nuestros horizontes, enfrentando el temor a dejar los espacios a los que nos hemos acomodado.

Demián Bucay (revista Mente Sana nº22)